En mayo de 1990 la OMS eliminó de su lista de patologías a la “homosexualidad” como enfermedad mental.

A pesar de este hito, y de las conquistas en materia de legislaciones nacionales, más de 30 años después, las organizaciones de la sociedad civil seguimos accionando para derribar las brechas de estigma y discriminación que nos siguen marginando a la pobreza y a la exclusión social.

En este marco, entrevistamos a Marcela Romero quien, desde la RedLacTrans a nivel regional, ATTTA a nivel nacional y Casa Trans en Buenos Aires, lidera el movimiento trans e impulsa el debate para que se sancionen Ley de Identidad de Género y Ley Integral Trans en toda la región.

Durante la entrevista, Marcela Romero explica que en la región aún queda mucho por hacer. En países donde no hay Ley de Identidad de Género, la cultura machista instalada en

las sociedades no nos permite avanzar en ciertos debates. Por lo que las personas trans somos orilladas a la clandestinidad.

El problema, dice Marcela, es que en estos debates que no se pueden realizar se pierde la posibilidad de instalar la necesidad de políticas públicas o de programas con perspectiva de derechos humanos. No hay debate público.

Para que el odio hacia las identidades que somos de la diversidad sexual y de género cese tenemos que seguir accionando en materia de deconstrucción. Pero no solo deconstruirnos desde la perspectiva del feminismo, tenemos que descolonizarnos en todas las esferas.

Hay una agenda pública y política de cada movimiento social de la región y, en muchos casos, un solo factor común es el que nos silencia: la religión.

Muchas veces pensamos que los conflictos relacionados a las religiones, las guerras religiosas, son de otros continentes y no tienen nada que ver con nosotres. Pero no es así, esas guerras nos afectan. Nos afectan tanto que en nuestros países ocupan lugares de poder en los Parlamentos.

Y si las poblaciones clave no podemos incidir en los espacios de tomas de decisión, no podemos avanzar hacia comunidades resilientes y sostenibles. El único panorama que tenemos es el de la ausencia de políticos con decisión política.

En todo este entramado, las personas trans somos de esas poblaciones clave que quedamos afuera.

¿Quién defiende la democracia? ¿Quién nos educa para defender la democracia? La iglesia.

Hay algo maravilloso que se replica en casi toda la región de Latinoamérica y el Caribe, y es que en nuestras constituciones políticas se habla de igualdad. Se habla de libertad. Se habla de derechos humanos. Algunas Repúblicas han avanzado hasta incluir la no discriminación por orientación sexual e identidad de género en estas constituciones.

Sin embargo, la falta de decisión política nos golpea una vez más. Porque sin decisión (o voluntad) política no hay garantías constitucionales. Lo que hay es pobreza, es odio y es discriminación.

Este 17 de mayo, las personas trans de Latinoamérica y el Caribe exigimos dejar de ser las olvidadas de la democracia.

No queremos menos que la igualdad.

 

 

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